Domingo en la mañana
No hay algo más espantoso que ver reflejado el rostro de uno, en el espejo, un domingo en la mañana. Es el peor día de la semana. Si bien los otros días hay cosas que hacer son más llevaderos.
Mi alma abatida no tiene escapatoria, veo a través de la ventana las familias correr hacia los parques de la ciudad. La lluvia cae prolongada en día gris. Pero a ellos no les importa sus sonrisas están intactas. Mientras que yo espero frente a la estufa que hierba el agua para preparar el café. No hay nada más en la alacena.
Ocho y veintiún minutos. Se viene a mi memoria el rostro de ella, acaba de despertar, saluda a su pareja acariciándole el rostro. Quieres café. -dice ella, el asienta la cabeza. Se levanta del lecho sólo esta vestida con un camisón dejando ver sus muslos desnudos blancos muy pronunciados. Va a la cocina.
Suena el teléfono. Mis manos tiemblan. Alo. –te amo. Mi alma llora. Mi vos dice te amo. –el martes nos vemos. Angustiado. Hasta el martes. –él se va a quedar hasta el martes. Bueno y cuelgo.
Luego la imagino volviendo a su lecho entre las sabanas de él.
Y yo sigo bebiendo sorbos de café amargos.
